El cambio de cabeza


Es por esta razón por lo que Òrúnmìlà es el único que puede sacar el ángel de la guarda y hacer la matanza en las consagraciones de Osha.

En este camino, una vez Elégbà llegó a una tierra y vió que allí los omo orishas les estaban sacando el ángel de la guarda a las gentes y como Elégbà era Babalawo, se lo fue a contar a Olófin, para darle las quejas de lo que estaban haciendo los omo orishas en contra de su disposición.

Cuando llego al palacio, este le dijo a Olófin; que los omo orishas estaban sacando el ángel de la guarda e inclusive estaban haciendo la matanza en la consagraciones, sin contar con Òrúnmìlà, al cual el había ordenado, para que hiciera estas cosas en las consagraciones de Osha.

Olófin mandó a buscar a Ògún y le dijo que le arrancara la cabeza a cada uno, y se las cambiara a unos con otros. Ògún agarró su machete y partió a cumplir el mandato de Olófin y empezó a arrancar cabezas en una consagración de Osha que se estaba haciendo.

Cuando Ògún estaba haciendo esto, Òrúnmìlà se estaba haciendo osode y se vio este Ifá, donde le decía que se estaba haciendo cambio de cabeza. Òrúnmìlà salió enseguida para donde se estaba haciendo la consagración de Osha. Cuando llego allí, se encontró que ya Ògún había hecho su estrago y se dirigía hacia el último que Quedaba que era el iyawo.

Cuando Ògún le fue a arrancar la cabeza, Òrúnmìlà lo paró y le pidió clemencia para el iyawo, y le dijo a Ògún, que para que no le faltara a la palabra de Olófin, en su orden del cambio de cabeza, que le permitiera a el hacerle el cambio de cabeza en el tablero, al último que quedaba que era el iyawo. Al final Ògún dejó que Òrúnmìlà lo hiciera.

Así se hizo y cuando comparecieron ante Olófin, este les preguntó que como era que el iyawo estaba aun con cabeza y Òrúnmìlà le contestó: que como él le había dado el ashe, para arreglar los asuntos en la tierra y no estaba enterado de nada, yo encontré que este era el último que quedaba y quise salvarlo, para que la gente se entere de que Ud. Me ha dado el ashe necesario para hasta hacer un cambio de cabeza.

Los Orishas contaron uno a uno las historias de las recepciones y banquetes; Oshe Meyi contó lo menos posible, pero sin decir que lo habían humillado y que le habían dado solo las sobras. Entonces Olófin pregunto: que pruebas me aportáis de todo lo expuesto por ustedes?, a lo que los Orishas no pudieron responder con pruebas, solamente Oshe Meyi abrió su saco dejando caer ante Olófin las cabezas, patas, aletas, colas y espinas de los animales y peces pudiendo demostrarle a Olófin la exactitud de sus palabras.

Olófin, convencido de lo que Òrúnmìlà le estaba diciendo, le dijo:

“Òrúnmìlà, tú eres el que yo comisione para arreglar las cosas en el mundo, si tu deseo ha sido el de salvar a este iyawo, yo te lo apruebo. To iban eshu”.

Òyèkú Òfún

Àború, Àboyè!

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