La palabra de Orunmila nunca cae al suelo


Una vez un cazador fue a ver a Òrúnmìlà para que este lo registrara y le salió este Ifá, en donde Òrúnmìlà le dijo que para poder seguir cazando tenía que hacer ebbo.

Como el cazador tenía otra creencia no le hizo caso y solo lo animaba el deseo de menospreciar a Òrúnmìlà, se fue a cazar logrando coger un hermoso puerco espín.

Cuando el cazador regreso al pueblo empezó a decir que Òrúnmìlà se había equivocado y que no solo era un charlatán. Entonces se reunieron todos sus amigos y prepararon un gran banquete.

Cuando estaban en la mesa el jefe enemigo de Òrúnmìlà para menospreciar a este le mando un recado con el comisario convidándolo a la fiesta.

Òrúnmìlà le mando a decir que aunque el había logrado cazar al puerco espín ninguno de ustedes lograra comérselo pues la mesa se quedara puesta por causa de la desobediencia del cazador.

Ellos no le hicieron caso y el que presidia la mesa según costumbre era el que partía primero y se servía, así lo hizo, partió un pedazo del animal y se lo sirvió en un plato, cuando se lo puso dentro de la boca al tiempo de masticarlo se le trabo en el cielo de la boca, un pedacito de lanza con que lo cazaron, la cual se había partido y se había quedado dentro de la carne del animal. Por la herida que se hizo empezó a brotar abundante sangre sin que la hemorragia se le contuviera, muriéndose al instante. En donde la gente debido al susto que paso ya no pudo comer.

Y la mesa quedo puesta. Al enterarse los hijos de Òrúnmìlà del acontecimiento organizaron otra fiesta y salieron cantando diciendo la palabra de Òrúnmìlà nunca cae al suelo.

Òtúrúpòn Di

Àború, Àboyè!

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